Sunday, August 12, 2018

Contundente

Una palabra que se usa mucho desde hace algún tiempo es 'contundencia'. Oímos hablar de afirmaciones, razones, pruebas o argumentos 'contundentes', sospechando que lo que el hablante quiere decir es categóricos, rotundos, taxativos, concluyentes o terminantes. Si los políticos y periodistas que han puesto de moda la contundencia tuvieran hacia la morfología un respeto que nunca han tenido, tendrían presente que contundente es aquello que produce contusión, y tratarían de encontrar un adjetivo menos metafórico.

(Alternativamente, reconocerían su oceánica ignorancia, se comprarían su primer libro y adoptarían la exótica costumbre de leer).

Pero el problema no es sólo el ocaso de la cultura escrita. El problema es la incoherencia intrínseca de un lenguaje cuya semántica es contextual. Hay una relación inversa entre la amplitud del contexto y el valor metafórico de las palabras. Cuanto más reducido es el contexto (es decir, la tribu de hablantes), más ambivalentes son las palabras que usamos. Sólo así podemos entender la existencia de expresiones como 'buen rollo' o 'buena onda', que para un mafioso significan exactamente lo contrario que para su víctima.

La morfología en español no importa mucho. Es sólo un pretexto. Lo contrario de insignificante no es significante, sino 'significativo'. Lo contrario de indeleble no es deleble, sino borrable. Inmutarse es lo mismo que alterarse, pero inmutable es lo contrario de alterable. Y así sucesivamente. La morfología no refleja la estructura de los conceptos cuando los grupos cerrados de hablantes tienden a adoptar la estructura de conceptos del contexto que comparten, y cuando históricamente no han sentido necesidad de comunicarse con otros hablantes externos a la tribu. Si tu vida social y la de tus antepasados se ha desarrollado siempre en torno al polo norte, ¿qué necesidad hay de usar dos palabras para referirse al polo norte, dejando abierta la posibilidad de hablar del polo sur? ¿No bastaría con llamarlo 'el polo'?

Las implicaciones de esta realidad van mucho más allá del simple lenguaje y explican, por ejemplo, la dificultad de implantar un sistema democrático único en las sociedades multitribales, y la curiosa circunstancia de que el laberinto aparente de la política española sólo es posible entenderlo en términos de tribus.

Pero volvamos a la contundencia. Unos párrafos más atrás he mencionado varios sinónimos del adjetivo 'contundente': categórico, rotundo, taxativo, concluyente, terminante. De estos cinco adjetivos, sólo uno tiene un sustantivo conocido: rotundidad. Por desgracia, para conocer este sustantivo hay que haber leído por lo menos diez o quince libros en la vida, hazaña que está fuera del alcance de la mayoría de los periodistas y escritores hispanohablantes actuales. Por lo demás, nadie ha oído nunca hablar de categoricidad, taxatividad, concluyencia o terminancia, y no digamos ya de tajancia, convincencia, aplastancia o decisividad.

Nunca lo sabremos, pero es posible que si el sustantivo 'concluyencia' estuviera en uso nadie habría tenido necesidad de recurrir a la contundencia. Por cierto, con la definición de 'contundente' la RAE vuelve a patinar -por enésima vez- en su lamentable diccionario. Señores académicos, ¿podrían ustedes aportar algún ejemplo de que lo contundente "produce una gran impresión en el ánimo, convenciéndolo"? Sería una gran noticia. Entre tanto, me limitaré a transmitirles mi deseo “contundente” de que disuelvan cuanto antes esa antediluviana institución.

¿Institución? Perdón. Quería decir 'tribu'.

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