Llamo a Elsa por teléfono a su casa a las 11 de la noche, y oigo que me dice "Estoy viendo una película". No tengo muchas razones para extrañarme. Elsa es una persona hogareña y, a esas horas, una de las ocupaciones habituales de una persona es ver una película. Pero cambiemos el decorado. Supongamos que Elsa y yo estamos en el cine. La película ha comenzado. De pronto, ella se acerca a mi oído y susurra "Estoy viendo una película". Esta vez, lo más probable es que yo me sorprenda. ¿Por qué me habrá dicho eso? Es evidente que tanto ella como yo estamos viendo una película.
Como yo no dudo de la salud mental de Elsa, tengo que hacer un esfuerzo, no por dar un significado a sus palabras, que son perfectamente comprensibles, sino por averiguar qué información me quiere transmitir. Se me ocurren varias posibilidades. Puede que Elsa trabaje en los archivos de una filmoteca y esté acostumbrada a clasificar películas, pero no a verlas. En tal caso, la información que me quiere transmitir provendrá de la categoría 'clasificar' / 'ver'. O puede que Elsa sea una asidua del teatro y rara vez vaya al cine, en cuyo caso la información habría que buscarla en la categoría 'película' / 'representación teatral'. Puede incluso que mi amiga se haya resistido durante años a ir al cine y esa noche, por fin, haya consentido. Si así fuera, la información procedería de la categoría 'no ver una película' / 'ver una película'.
Cada vez que seleccionamos un concepto de una categoría de posibles conceptos estamos implementando información, o bien para guardarla en nuestra memoria o para transmitirla construyendo la frase apropiada. Todo esto que acabo de escribir es, naturalmente, una teoría. Pero hay unos cuantos problemas lingüísticos, hasta ahora intratables, que esta teoría podría resolver. Veamos.
Coger el tren
Si yo digo "Humberto cogió el tren", lo normal es que pensemos que Humberto estaba en una estación y se subió a uno de sus trenes. Al fin y al cabo, es lo más habitual. Sin embargo, es posible también que Humberto tenga una habitación llena de juguetes y haya cogido uno de ellos que resulte ser un tren. Estamos ante dos significados completamente opuestos de un mismo verbo: o bien el tren está en mi poder, o bien yo estoy en poder del tren. Esta paradoja es intrigante: cuando se inventaron los trenes, el verbo que nuestros antepasados escogieron para indicar que Humberto se iba con un tren fue el mismo que estaban usando para indicar que las cosas se iban con Humberto.
Quizá la cosa viene de más antiguo. Antes de inventarse el tren, los marinos ya sabían que si (se) ”cogían “(a) ciertos vientos llegarían a cierto destino, y los viajeros a pie o a caballo “cogían” uno u otro camino para llegar a uno u otro lugar. Podían haber usado el verbo “escoger”, pero no habría quedado muy claro si emprendían la ruta o si simplemente la seleccionaban. O podían haber optado por “acogerse “al tren o a la corriente, y quizá no lo hicieron porque ni los caminos ni las corrientes marinas ni los trenes les ofrecían protección.
Inciso: Lamento tener que usar el verbo “coger “en un sentido inhabitual para algunos hablantes pero, aunque podría parecer que “coger” y “tomar “son sinónimos, para mí no es lo mismo coger una pastilla que tomármela. O que agarrarla.
Pero volvamos al caso de Humberto. Lo que nos inclina a optar por uno u otro significado del verbo “coger” es el contexto en el que situamos mentalmente a Humberto. Si lo imaginamos en una estación, ni Humberto ni el tren serán información nueva, sino conocida, y tenderemos a buscar información, por ejemplo, en la contraposición 'coger/perder' [un tren]. En cambio, si nos representamos a Humberto como un niño que está en su habitación rodeado de juguetes, tenderemos a extraer información de la categoría 'tren/muñeco/puzzle/balón/..."
Resumiendo. En el caso de la estación, el contexto nos induce a evocar la categoría 'coger/perder', mientras que en el caso de la habitación evocamos más fácilmente la categoría 'juguetes de Humberto'. Problema resuelto.
Una habitación tranquila
Llegamos a la recepción de un hotel y le decimos al recepcionista "Quiero una habitación tranquila".
Llegamos a la recepción de un hotel y le decimos al recepcionista "Quiero una habitación. Que sea tranquila".
¿Qué diferencia hay entre estas dos peticiones? Para entender mejor la diferencia, olvidemos por un instante la recepción del hotel y situémonos en una tienda de caramelos. Nos consta que el dependiente vende caramelos de eucaliptus, porque se los hemos comprado en otras ocasiones, de modo que nos limitamos a decir "Quiero un caramelo de eucaliptus". Supongamos, en cambio, que es la primera vez que entramos a la tienda y pedimos un caramelo. El dependiente nos responde "Los tengo de muchas clases". Pero las demás cualidades del caramelo nos dan igual. "Que sea de eucaliptus", especificamos.
La diferencia entre estos dos casos radica en las categorías que tenemos en mente al hacer la petición. Hablamos de caramelos de eucaliptus cuando presuponemos que hay también caramelos de otros sabores. Pero si la única categoría que tenemos en mente es la categoría 'sabor a eucaliptus/sabor no de eucaliptus', entonces tenderemos a usar el subjuntivo. El caso de la habitación tranquila es más confuso, porque la categoría 'tranquilo/no tranquilo' es la misma que 'tranquilo/ruidoso', pero el mecanismo mental es el mismo.
Algo parecido sucede con cierto tipo de expresiones en inglés. Si decimos que "Russians buy a lot of Western things" podemos estar pensando en alguna categoría de cosas (Western/Eastern/Southern/...) de la que 'Western' sea un caso particular, pero también podemos estar pensando en la categoría 'Western/non Western'. Normalmente no nos parece necesario especificar en cuál de esas categorías estamos pensando, pero cuando queremos hacerlo preferiremos decir, por ejemplo, "Russians love things Western". Es decir, cualquier cosa occidental, en contraposición no a las orientales o a las australes, sino a cualquier cosa concebible que no sea occidental.
Puede parecer que en ambos casos nos estamos refiriendo a las mismas cosas, pero al usar la segunda variante lo que estamos evocando son las combinaciones de cualidades que hacen que una cosa sea Western, mientras que al usar la primera variante estamos comparando implícitamente las cosas Western con las Eastern o las Southern, que pueden tener algunas cualidades en común. Puede que los calcetines occidentales sean indistinguibles de los orientales, pero los templos orientales son claramente diferentes.
Los pájaros vuelan
Un problema que trae de cabeza a más de un lingüista desde hace mucho tiempo es cierto tipo de afirmaciones generales como, por ejemplo, "los pájaros vuelan". Todos hemos pronunciado alguna vez esa frase u otra parecida, a sabiendas de que algunos pájaros (muchos, incluso) no vuelan. Por ejemplo, las gallinas, los pájaros con un ala rota o los loros de escayola. Entonces, ¿a qué nos referimos exactamente cuando decimos que los pájaros vuelan?
Una vez más, las categorías vienen en nuestro auxilio. Cuando decimos que mi jilguero duerme estamos pensando en el estado en que se encuentra mi jilguero. Implícitamente, estamos evocando una categoría de estados en los que se puede encontrar: durmiendo / comiendo / gorjeando / aleteando... Pero invirtamos las tornas. Pensemos en el verbo 'dormir' y evoquemos la categoría de todo lo que duerme: pájaros / osos / reptiles / nuestra suegra... Con esta categoría en mente, "mi jilguero duerme" significará que mi jilguero no es el protagonista de mi afirmación, sino un caso particular: uno de tantos entes que poseen la cualidad de dormir.
En conclusión: pese a lo que afirmen los lingüistas, nadie falta a la verdad cuando dice que los pájaros vuelan.

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