Monday, July 2, 2018

Más sobre la polución

Hubo un tiempo en que la mayoría de los hablantes usaban, o por lo menos conocían, la palabra 'polución'. El término empezó a estar en uso cuando las ciudades del mundo industrializado empezaron a acumular cantidades conspicuas de humos, sobre todo de la industria y de los automóviles. Quién podía imaginar por aquel entonces que, con el paso del tiempo, la guerra contra la polución se convertiría uno de los pilares de una nueva religión que hoy amenaza asfixiarnos.

En los años 60, cuando los automóviles empezaron a adueñarse de nuestras calles, la polución era simplemente el precio que teníamos que pagar para que nuestras ciudades se parecieran a Londres, París o Nueva York. Se hablaba de sus efectos en personas con afecciones respiratorias y de sus posibles consecuencias a largo plazo, aunque no se sabía de nadie que hubiese muerto 'de polución'. Pese a todo, tengo la impresión de que, por aquellos años, pocos habrían renunciado al automóvil a cambio de un aire más puro en sus  pulmones.

La polución no duró mucho en los periódicos. Recuerdo que, cierto día, un celoso lector de un diario dio la voz de alarma: ¡aquella palabra era un anglicismo! En las redacciones de todos los periódicos sonaron las trompetas. Zafarrancho de combate. Y el viejo reflejo nacional del 'No pasarán' unió los corazones del periodismo nacional.

El problema, en realidad, era doble. Por una parte, la pérfida Albión y el imperialista tío Sam amenazaban invadirnos con sus abominables costumbres extranjeras. Muchos se preguntaban, alarmados: ¿acabarán las plazas de toros convertidas en hamburgueserías? Desde luego, era una posibilidad que no había que descartar. Pero no se engañen ustedes: lo que realmente molestaba a aquel celoso lector eran las connotaciones sexuales.

De hecho, hasta que el vocablo empezó a aparecer en las columnas de los periódicos, las poluciones en español eran únicamente nocturnas. La polución diurna se llamaba simplemente 'eyaculación', y era -dentro de lo que cabe- voluntaria. La libertad sexual no había relegado todavía la polución nocturna al baúl de los recuerdos, y los seminaristas no eran, presumiblemente, los únicos en experimentarla. Pero, ¿por qué diferenciar entre esas dos formas de eyaculación hasta el punto de cambiarle el nombre a una de ellas?

Probablemente porque la polución nocturna, por deplorable que fuese, no era pecado. Uno tenía un intenso sueño erótico, experimentaba ese delicioso estremecimiento que sólo en las entrañas de una santa esposa le estaba permitido experimentar, y a la mañana siguiente las sábanas aparecían manchadas. En otras palabras, polutas.  O, si los intransigentes no me aceptan la palabra, lo contrario de impolutas. Sin embargo, si uno se toma un vaso de leche al meterse en la cama y se le derraman unas gotas, no estamos ante un caso de polución nocturna. ¿Por qué?  Porque la mancha que ha aparecerido no es de origen sexual. Cuando hay de por medio connotaciones morales, 'polución' es un eufemismo que hace referencia al efecto para no nombrar la causa.

De modo que tendremos que interpretar que poluir de noche es pecado, mientras que poluir de día, depende. La vida cotidiana está llena de situaciones contextuales, pero sería realmente deseable que el pan siempre fuera pan, y el vino, vino.  Sin embargo, no parece que este tipo de razonamientos pesase mucho en el ánimo de aquellos periodistas españoles de los años 70. Mientras el tren Talgo incorporaba un complejo mecanismo de ingeniería para adaptarse a la anchura de las vías francesas, en las redacciones de los periódicos le declaraban la guerra a la extranjera polución... y la sustituían por otra palabra mucho más “correcta”: contaminación.

Cuando uno está acostumbrado a hablar sin salirse de un contexto, la nueva palabra es perfectamente aceptable. Al fin y al cabo, estamos hablando de nuestros tubos de escape y de las chimeneas de nuestras fábricas. ¿Qué otra cosa podemos querer decir cuando decimos 'contaminación'?

La ventaja principal de referir nuestra conversación a un contexto es que no hay que esforzarse mucho por escoger la palabra adecuada. Cuanto más reducido sea nuestro contexto, más palabras nos servirán como metáforas. Y, si ese día no estamos muy brillantes y no conseguimos llegar a la punta de la lengua, siempre podremos salir del paso apostillando: "... por decirlo de alguna manera". Siempre que nuestros interlocutores estén “en el ajo”, cualquiera nos entenderá cuando decimos que nuestro automóvil "es una bala" -sobre todo si uno "le arrea"-. Y, si el pobre está ya "hecho polvo", nadie nos negará que el modelo que nos gustaría comprar está "por las nubes". Entre tanto, uno tendrá que resignarse a que esa vieja "cafetera" siga... "contaminando" (por decirlo de alguna manera).

Pero todavía no hemos tratado de aclarar qué diferencia hay entre polución y contaminación. Hasta que empezó todo este lío, la contaminación era algo que podía suceder, por ejemplo, en un quirófano o en un laboratorio. Si nuestro bisturí estaba contaminado, el paciente podía resultar infectado, y si las muestras que estábamos analizando estaban contaminadas, nuestros resultados no serían válidos. Es decir, la contaminación implicaba un cambio cualitativo: una vez contaminados, el estado del paciente y el resultado de los análisis se convertían en algo diferente. En una central nuclear el aire puede estar más o menos poluido pero, si se detecta una fuga radiactiva, evacúen inmediatamente las instalaciones.

El diccionario Webster considera 'pollution' y 'contamination' como sinónimas hasta cierto punto, aunque establece una diferencia importante:

"Contaminate - To soil, stain, corrupt, or infect by contact or association (bacteria contaminated the wound); to make inferior or impure by admixture (iron contaminated with phosphorus); to make unfit for use by the introduction of unwholesome or undesirable elements."

"Pollute, sometimes interchangeable with contaminate, distinctively may imply that the process which begins with contamination is complete and that what was pure or clean has been made foul, poisoned, or filthy (the polluted waters of the river)"

Sin embargo, esta última explicación no se corresponde con la realidad. Nadie espera que el agua de un río sea químicamente pura. Los ríos, como la atmósfera, contienen normalmente un cierto grado de polución aceptable, lo cual no quiere decir que estén 'contaminados'. A la contaminación se llega cuando esa polución se sigue acumulando hasta el punto de hacerlos nocivos. Hace algunos años, The Economist dedicaba un largo dossier a los lagos escandinavos. Según el autor, aquellos lagos habían estado recibiendo durante años vertidos fluviales que los habían poluido. Pero la polución había aumentado hasta tal punto que, en algunos lagos, la vida fluvial había desaparecido. El aumento de polución había alcanzado un umbral cualitativo: el agua de aquellos lagos no era ya apta para los seres vivos. Aquellos lagos -concluía, por consiguiente, The Economist- estaban contaminados.

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