No sé cómo queda aún gente que
estudia español.
Mi amigo imaginario Helmut Grundig, que
se había instalado en España para aprender español, telefoneó el
otro día a un hotel. Quería averiguar si quedaban suficientes habitaciones libres. Sospechando que el hotel estaría probablemente
muy habitado, decidió preguntar por el porcentaje de habitación del
hotel.
"Seguramente quiere usted decir el
porcentaje de ocupación", corrigió amablemente el conserje.
"Aquí estamos completos, señor, pero le pongo ahora mismo con
la Oficina de Turismo."
Al poco rato, oyó al teléfono una voz
femenina. Mi amigo había tenido muy en cuenta las explicaciones del conserje,
de modo que empezó diciendo:
“Buenos días. Estoy llamando en
relación con una consulta ocupacional...”
"Querrá usted decir de
alojamiento”, aclaró la empleada. “Una consulta ocupacional es
una consulta laboral".
Mi amigo abrió los ojos, sorprendido.
"¿Cuántas habitaciones
necesita?" -prosiguió su interlocutora.
"Dos", respondió Helmut. “La
otra es para un primo mío, pero la pagaré yo. Mi primo está...
desocupado”.
“¿Desocupado? Querrá usted decir
parado", puntualizó la funcionaria.
Helmut empezaba a ponerse nervioso. Apenas unos minutos después, su interlocutora le anunció que le había
encontrado dos habitaciones en un hotel.
"Justo al lado del hotel tiene
usted una parada de autobús", añadió. "Sin embargo, hoy
tendrá que parar un taxi. Los conductores de autobús están en
paro."
"¿Detenidos?", exclamó
Helmut, que no entendía por qué razón los conductores se habían quedado
quietos.
"No, no”, dijo la mujer.
“Detenidos es arrestados"
"Entonces, ¿desocupados?"
"No, señor, tampoco. Cuando digo
'en paro' quiero decir que están en huelga... "
Era la gota que colmaba el vaso. Mi
amigo Helmut Grundig se metió inmediatamente en un taxi, se dirigió
al aeropuerto y se subió al primer avión de regreso a su país. El
español, que lo estudie Rita.

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