Thursday, July 12, 2018

Hubiera / habría

No sabria decir desde cuándo están sustituyendo los hablantes, al menos en España, las formas verbales del tipo "habría hecho X" por "hubiera hecho X", quizá por influencia de expresiones tales como "¡quién hubiera podido!" Esta sustitución elimina la diferencia entre el subjuntivo y el condicional, pero sólo en las formas compuestas. Actualmente, parecen aceptable decir, por ejemplo, "Si hubiera tenido hambre, hubiera comido", pero no "Tengo tanta hambre que me comiera un bocadillo de jamón". En fin, el habitual galimatías del español coloquial.

Ejemplos:  ¿Qué viaje te hubiera gustado hacer? (¿Qué viaje te habría gustado hacer?) Lo hubiera hecho de todos modos (Lo habría hecho de todos modos)

Leyendo algunos comentarios en Internet averiguo que la RAE, que últimamente juega a hacer un diccionario de uso, no de autoridad, admite el subjuntivo en lugar del condicional. Pero una cosa es el uso y otra la coherencia del idioma.

Consideremos la frase "Si hubiera tenido hambre, hubiera comido", y sustituyamos las formas compuestas por las simples: En “Si tuviera hambre, comiera”, no parece que las formas verbales estén bien escogidas. En concreto, la forma “comiera” parece estar pidiendo a gritos un condicional: “Si comiera...” De modo que, por coherencia, habría que defender la construcción subjuntivo-condicional como la forma canónica. Una cosa es recoger un uso, y otra muy distinta es defender la coherencia. La RAE no se aclara. Ha metido mil veces la pata censurando neologismos que no tenían equivalente, y ahora se pasa al otro extremo y mete la pata “aceptando” un uso a todas luces incoherente.

Curiosamente, en las provincias vascas y norte de Castilla sucede el fenómeno contrario: se usa sistemáticamente la forma 'habría' en lugar de 'hubiera'.

Ejemplo:  Si tendría patatas cocinaría una tortilla

Una dificultad más para los desaprensivos que se embarcan en el aprendizaje de la laberíntica lengua española.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Wednesday, July 11, 2018

¿Prueba o evidencia?

Quizá por influencia de la expresión 'poner en evidencia', en el sentido de desenmascarar o abochornar, la palabra 'evidencia' es contemplada con cierto recelo por los hablantes, que generalmente prefieren decir 'prueba'. Sin embargo, hay una diferencia cualitativa entre ambos conceptos. 'Evidente' es lo que hemos comprobado. Si hemos comprobado que la aspirina calma el dolor, entonces diremos que tenemos 'evidencia' de las propiedades calmantes de la aspirina. Cuando esas propiedades no son evidentes es precisamente cuando tendemos que 'probar' su existencia.

'Probar' es, además, un concepto en el que se cruzan significados muy diferentes. Uno de ellos es 'catar' o 'degustar', y otro es el adjetivo 'probable', que no tiene ninguna relación con ninguno de los otros dos. A veces, para salir del paso, tenemos que recurrir al verbo 'demostrar', que a su vez es ambiguo. En efecto, no es lo mismo demostrar -es decir, evidenciar- sensatez que demostrar el teorema de Pitágoras. Apoyándonos en las muletas del contexto, solemos hacernos comprender, pero si queremos expresarnos en una lengua menos contextualizada, ¿qué palabra escogeremos en una situación dada? ¿Prueba, evidencia, demostración, comprobación? Si no tenemos en mente el significado absoluto de lo que queremos decir, tenemos bastantes probabilidades de no acertar. Y cada vez que cambiemos de contexto, nos preguntaremos por qué nuestro interlocutor no ha cambiado de palabra.

Descontextualizar nuestro sistema de conceptos es un proceso lento y dificultoso. Por eso no son de extrañar las dificultades con que nos encontramos cuando nos proponemos hablar inglés. Quizá esto explique el gran porcentaje de españoles que se proponen aprender inglés para, poco tiempo después, tirar la toalla.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Una serie de conceptos

Por definición, una serie es un conjunto ordenado de personas, de cosas o de ideas. Sin embargo, la plantilla mental 'una serie de' es desde hace tiempo una expresión muy usada en español para indicar 'cierto número de'. Lo cual quiere decir que, al hacer uso de ella, nos desentendemos de la noción de orden. Pero hay conceptos que pueden estar ordenados o desordenados, y empaquetándolos en una serie no tenemos forma de discernir en qué estado se encuentran. Si decimos, por ejemplo, “tengo una serie de preguntas”, no necesariamente queremos decir que van una a continuación de otra. Y esa información puede tener interés, porque podría aclarar a nuestro interlocutor si lo que tengo en mente es una entrevista o unas cuantas preguntas seleccionadas siguiendo otro criterio. Algo parecido sucede si hablamos de 'una serie de estaciones'. ¿Estamos hablando de una línea de tren, o de las estaciones que, a nuestro entender, necesitan -por ejemplo- reformas?

Si estuviéramos acostumbrados a expresar el signifcado absoluto de los conceptos -es decir, con independencia de su contexto-, nos importaría distinguir. Pero generalmente no nos importa, porque sabemos que detrás de nuestras conversaciones hay un contexto, y esperamos que nuestro interlocutor interprete nuestras palabras sobre ese trasfondo. La presencia del contexto nos facilita mucho las cosas, porque las relaciones entre sus componentes son generalmente mucho más simples, lo cual tiene dos consecuencias indeseables: (1) nos acostumbra a pensar en términos más superficiales, y (2) dificulta nuestro aprendizaje de lenguas menos dependientes del contexto.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Monday, July 2, 2018

Un programa de habilitación

Sé que mi propuesta caerá en saco roto. La lengua española, igual que sus hablantes, tiende sempiternamente al localismo. A falta de una visión anchurosa que la eleve sobre los cerros del chismorreo, la familia y la pandilla, probablemente nunca llegue a levantar el vuelo. No es un problema lingüístico, sino de mentalidad. Lo que yo veo evidente es que, si no hacemos nada, el futuro es sombrío. A largo plazo, el localismo mental sólo puede conducir a la lenta extinción del español como lengua de pensamiento, relegada a los últimos reductos de las alcobas, los chismorreos, las cárceles o las telenovelas.

Lo que yo querría proponer aquí es un gran programa de habilitación de la lengua española. No de rehabilitación, porque ni siquiera en los tiempos del Imperio tuvo nuestra lengua vocación de universalidad. La aversión al pensamiento científico ha sido siempre un obstáculo insalvable. El programa que yo propongo constaría de varios elementos, de los cuales cinco serían fundamentales:

1 - Habilitación de la morfología. No dejemos que indeleble, expectante, o escrutinio sean palabras sin verbo. Permitamos que membresía designe la condición de miembro. Diferenciemos entre el tiempo cronológico y el meteorológico, y construyamos adjetivos para este último y para todos sus componentes.

2 - Recolocación de las palabras en funcion de sus significados. Usemos oír cuando queremos decir oír, y escuchar cuando queremos decir escuchar. Dejemos que lactancia sea la propiedad de lactar, y usemos lactación cuando hablemos del acto de lactar. Y restauremos la coherencia de los significados. Si 'aislamiento' es el estado de quien está aislado, ¿por qué 'salvedad' no es el estado de quien está a salvo?

3 – Revisión sistemática de las preposiciones y de sus funciones, eliminando, en caso necesario, las que son innecesarias o inducen a confusión. Una población cuenta 25.000 habitantes, aunque no siempre cuente con ellos. Muchas personas cumplen su palabra, pero no siempre cumplen con sus amigos.

4 – Atrevámonos a nombrar lo que no tiene nombre, particularmente si otras lenguas tienen palabras que llenan ese hueco. Dejemos que preempción, kit, partenaire, testar, ralentizar o monitorizar salgan de sus ghettos y desempeñen una función necesaria, independientemente del contexto. No temamos rescatar viejos términos latinos, o palabras de otras lenguas. ¿Por qué apretar tornillos con los dedos cuando podemos importar destornilladores? Recordemos la aspiración ideal: una palabra para cada concepto. No dejemos que las ambigüedades se resuelvan en función del contexto.

5 – Hagamos prevalecer la capacidad expresiva (objetiva) sobre los criterios estéticos (subjetivos). Un perro mordió a Juan es algo que hizo un perro, mientras que Juan fue mordido por un perro es algo que le sucedió a Juan. Una idea bien expresada puede ser tan bella como una expresión evocadora o poética.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Más sobre la polución

Hubo un tiempo en que la mayoría de los hablantes usaban, o por lo menos conocían, la palabra 'polución'. El término empezó a estar en uso cuando las ciudades del mundo industrializado empezaron a acumular cantidades conspicuas de humos, sobre todo de la industria y de los automóviles. Quién podía imaginar por aquel entonces que, con el paso del tiempo, la guerra contra la polución se convertiría uno de los pilares de una nueva religión que hoy amenaza asfixiarnos.

En los años 60, cuando los automóviles empezaron a adueñarse de nuestras calles, la polución era simplemente el precio que teníamos que pagar para que nuestras ciudades se parecieran a Londres, París o Nueva York. Se hablaba de sus efectos en personas con afecciones respiratorias y de sus posibles consecuencias a largo plazo, aunque no se sabía de nadie que hubiese muerto 'de polución'. Pese a todo, tengo la impresión de que, por aquellos años, pocos habrían renunciado al automóvil a cambio de un aire más puro en sus  pulmones.

La polución no duró mucho en los periódicos. Recuerdo que, cierto día, un celoso lector de un diario dio la voz de alarma: ¡aquella palabra era un anglicismo! En las redacciones de todos los periódicos sonaron las trompetas. Zafarrancho de combate. Y el viejo reflejo nacional del 'No pasarán' unió los corazones del periodismo nacional.

El problema, en realidad, era doble. Por una parte, la pérfida Albión y el imperialista tío Sam amenazaban invadirnos con sus abominables costumbres extranjeras. Muchos se preguntaban, alarmados: ¿acabarán las plazas de toros convertidas en hamburgueserías? Desde luego, era una posibilidad que no había que descartar. Pero no se engañen ustedes: lo que realmente molestaba a aquel celoso lector eran las connotaciones sexuales.

De hecho, hasta que el vocablo empezó a aparecer en las columnas de los periódicos, las poluciones en español eran únicamente nocturnas. La polución diurna se llamaba simplemente 'eyaculación', y era -dentro de lo que cabe- voluntaria. La libertad sexual no había relegado todavía la polución nocturna al baúl de los recuerdos, y los seminaristas no eran, presumiblemente, los únicos en experimentarla. Pero, ¿por qué diferenciar entre esas dos formas de eyaculación hasta el punto de cambiarle el nombre a una de ellas?

Probablemente porque la polución nocturna, por deplorable que fuese, no era pecado. Uno tenía un intenso sueño erótico, experimentaba ese delicioso estremecimiento que sólo en las entrañas de una santa esposa le estaba permitido experimentar, y a la mañana siguiente las sábanas aparecían manchadas. En otras palabras, polutas.  O, si los intransigentes no me aceptan la palabra, lo contrario de impolutas. Sin embargo, si uno se toma un vaso de leche al meterse en la cama y se le derraman unas gotas, no estamos ante un caso de polución nocturna. ¿Por qué?  Porque la mancha que ha aparecerido no es de origen sexual. Cuando hay de por medio connotaciones morales, 'polución' es un eufemismo que hace referencia al efecto para no nombrar la causa.

De modo que tendremos que interpretar que poluir de noche es pecado, mientras que poluir de día, depende. La vida cotidiana está llena de situaciones contextuales, pero sería realmente deseable que el pan siempre fuera pan, y el vino, vino.  Sin embargo, no parece que este tipo de razonamientos pesase mucho en el ánimo de aquellos periodistas españoles de los años 70. Mientras el tren Talgo incorporaba un complejo mecanismo de ingeniería para adaptarse a la anchura de las vías francesas, en las redacciones de los periódicos le declaraban la guerra a la extranjera polución... y la sustituían por otra palabra mucho más “correcta”: contaminación.

Cuando uno está acostumbrado a hablar sin salirse de un contexto, la nueva palabra es perfectamente aceptable. Al fin y al cabo, estamos hablando de nuestros tubos de escape y de las chimeneas de nuestras fábricas. ¿Qué otra cosa podemos querer decir cuando decimos 'contaminación'?

La ventaja principal de referir nuestra conversación a un contexto es que no hay que esforzarse mucho por escoger la palabra adecuada. Cuanto más reducido sea nuestro contexto, más palabras nos servirán como metáforas. Y, si ese día no estamos muy brillantes y no conseguimos llegar a la punta de la lengua, siempre podremos salir del paso apostillando: "... por decirlo de alguna manera". Siempre que nuestros interlocutores estén “en el ajo”, cualquiera nos entenderá cuando decimos que nuestro automóvil "es una bala" -sobre todo si uno "le arrea"-. Y, si el pobre está ya "hecho polvo", nadie nos negará que el modelo que nos gustaría comprar está "por las nubes". Entre tanto, uno tendrá que resignarse a que esa vieja "cafetera" siga... "contaminando" (por decirlo de alguna manera).

Pero todavía no hemos tratado de aclarar qué diferencia hay entre polución y contaminación. Hasta que empezó todo este lío, la contaminación era algo que podía suceder, por ejemplo, en un quirófano o en un laboratorio. Si nuestro bisturí estaba contaminado, el paciente podía resultar infectado, y si las muestras que estábamos analizando estaban contaminadas, nuestros resultados no serían válidos. Es decir, la contaminación implicaba un cambio cualitativo: una vez contaminados, el estado del paciente y el resultado de los análisis se convertían en algo diferente. En una central nuclear el aire puede estar más o menos poluido pero, si se detecta una fuga radiactiva, evacúen inmediatamente las instalaciones.

El diccionario Webster considera 'pollution' y 'contamination' como sinónimas hasta cierto punto, aunque establece una diferencia importante:

"Contaminate - To soil, stain, corrupt, or infect by contact or association (bacteria contaminated the wound); to make inferior or impure by admixture (iron contaminated with phosphorus); to make unfit for use by the introduction of unwholesome or undesirable elements."

"Pollute, sometimes interchangeable with contaminate, distinctively may imply that the process which begins with contamination is complete and that what was pure or clean has been made foul, poisoned, or filthy (the polluted waters of the river)"

Sin embargo, esta última explicación no se corresponde con la realidad. Nadie espera que el agua de un río sea químicamente pura. Los ríos, como la atmósfera, contienen normalmente un cierto grado de polución aceptable, lo cual no quiere decir que estén 'contaminados'. A la contaminación se llega cuando esa polución se sigue acumulando hasta el punto de hacerlos nocivos. Hace algunos años, The Economist dedicaba un largo dossier a los lagos escandinavos. Según el autor, aquellos lagos habían estado recibiendo durante años vertidos fluviales que los habían poluido. Pero la polución había aumentado hasta tal punto que, en algunos lagos, la vida fluvial había desaparecido. El aumento de polución había alcanzado un umbral cualitativo: el agua de aquellos lagos no era ya apta para los seres vivos. Aquellos lagos -concluía, por consiguiente, The Economist- estaban contaminados.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Quita, quita

Mi amigo imaginario Helmut Grundig me preguntó el otro día (desde Alemania):

“¿Cómo demonios expresa uno en español la acción de quitar? Irritar, excitar o invitar tienen un sustantivo. ¿Por qué quitar no lo tiene?”

La pregunta me hizo pensar. Es curioso que a todo el mundo le suene mal 'quitación', pero no 'equitación'. Siguiendo la pauta de citar, recitar, gritar o pitar, bien podrían haber escogido quita, quital, quito o quitido, pero de todas ellas sólo 'quita' está en uso, y únicamente en el mundo financiero. Es cierto, en tauromaquia se usa 'quite', pero en la vida cotidiana esa palabra a todos les suena 'a toros'.

Helmut tiene razón. Pero la situación es mucho peor todavía: hay verbos tan imprescindibles como sacar, poner, llevar o traer que tampoco tienen sustantivo. De contraer viene contracción, y de componer, composición, pero cuando Manolo trae un huevo y lo pone encima de la mesa a nadie se le ocurre decir que Manolo acaba de hacer una tracción y una posición (y mucho menos una puesta... a menos que Manolo sea una gallina). De llevación, ni hablemos. Y cualquiera de nosotros puede hacer todos los saques que quiera con un balón, pero nunca un saque de macarrones de la despensa.

Los traductores, desde luego, saben esto desde hace siglos... y escurren el bulto vergonzantemente. ¡Pero es que hay sinónimos!, exclamarán los más conservadores. Yo no lo creo. Quitar a la suegra del sofá no es lo mismo que eliminarla. El polvo normalmente se quita, no se extrae. Y los pies tampoco es necesario suprimirlos; basta con quitarlos de encima de la mesa. Así que les haré a ustedes una propuesta: sacudámonos la holgazanería mental, y démosle a la lengua lo que es de la lengua.

En otras palabras: gimnasia para nuestras neuronas, y... quitación (o, si ustedes lo prefieren, quite, quito, quita, quital o quitido) de todos estos prejuicios.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Una experiencia surrealista

No sé cómo queda aún gente que estudia español.

Mi amigo imaginario Helmut Grundig, que se había instalado en España para aprender español, telefoneó el otro día a un hotel. Quería averiguar si quedaban suficientes habitaciones libres. Sospechando que el hotel estaría probablemente muy habitado, decidió preguntar por el porcentaje de habitación del hotel.

"Seguramente quiere usted decir el porcentaje de ocupación", corrigió amablemente el conserje. "Aquí estamos completos, señor, pero le pongo ahora mismo con la Oficina de Turismo."

Al poco rato, oyó al teléfono una voz femenina. Mi amigo había tenido muy en cuenta las explicaciones del conserje, de modo que empezó diciendo:

“Buenos días. Estoy llamando en relación con una consulta ocupacional...”

"Querrá usted decir de alojamiento”, aclaró la empleada. “Una consulta ocupacional es una consulta laboral".

Mi amigo abrió los ojos, sorprendido.

"¿Cuántas habitaciones necesita?" -prosiguió su interlocutora.

"Dos", respondió Helmut. “La otra es para un primo mío, pero la pagaré yo. Mi primo está... desocupado”.

“¿Desocupado? Querrá usted decir parado", puntualizó la funcionaria.

Helmut empezaba a ponerse nervioso. Apenas unos minutos después, su interlocutora le anunció que le había encontrado dos habitaciones en un hotel.

"Justo al lado del hotel tiene usted una parada de autobús", añadió. "Sin embargo, hoy tendrá que parar un taxi. Los conductores de autobús están en paro."

"¿Detenidos?", exclamó Helmut, que no entendía por qué razón los conductores se habían quedado quietos.

"No, no”, dijo la mujer. “Detenidos es arrestados"

"Entonces, ¿desocupados?"

"No, señor, tampoco. Cuando digo 'en paro' quiero decir que están en huelga... "

Era la gota que colmaba el vaso. Mi amigo Helmut Grundig se metió inmediatamente en un taxi, se dirigió al aeropuerto y se subió al primer avión de regreso a su país. El español, que lo estudie Rita.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

A la carrera

En mi buscador lo he averiguado. Lo han hecho arrendadores y arrendatarios, alumnos, viajeros, novios, damas de la caridad, revistas, países, pilotos, concejales, policías, familias japonesas, y hasta el general Pinochet. No, no es lo que usted está pensando. Lo que todos ellos tienen en común es, simplemente, su afición a correr. Y es que todos ellos han corrido, corren, o posiblemente correrán alguna vez en su vida... con los gastos. 

¿Qué prisa tienen? ¿Por qué nadie corre nunca con los ingresos, o con los ahorros, que sería mucho más sensato?

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Sunday, July 1, 2018

De lengua a lengua

Los socorristas no lo han conseguido todavía, porque no pueden hacer dos cosas a la vez. Pero el resto de la gente lo practica ya desde hace tiempo. Con la relajación de las costumbres, era inevitable. Hasta hace unos años, las noticias se limitaban a correr de boca en boca. Pero, hoy en día, todo escrúpulo se ha perdido, y las noticias se transmiten ya directamente 'boca a boca'. Los tiempos cambian...  

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Gajes sociables

Créanlo ustedes o no. Las personas hace años que tenemos nuestros derechos humanos, pero en el diccionario quedan todavía palabras oprimidas por la esclavitud. Fíjense, por ejemplo, en la palabra 'gaje'. ¿Alguien conoce un gaje que no sea del oficio? Es más, ¿alguien ha visto alguna vez un gaje solo, sin nadie que lo acompañe? Pues no. Los gajes van siempre juntos a todas partes. De la mano del oficio. Además, los gajes aparecen siempre al final de la conversación, los pobres. ¿Queréis terminar una conversación aburrida, y no sabéis cómo? Nada más fácil. Levantáis una ceja, miráis al suelo con aire resignado, y suspiráis: "Qué le vamos a hacer, chico. Son gajes del oficio". Y ya tenéis vía libre para iros al cine con Purita.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Cruces de neurona

Que alguien me responda a esta pregunta: ¿cuál es el plural de 'casa de huéspedes'?

Correcto. Pero no cante usted victoria antes de tiempo. Ahora conteste: ¿cuál es el plural de 'caja de ahorros?

Pues no. El plural de 'caja de ahorros'? es 'cajas de ahorro'.

¡Sorpresa!

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Derechos fofos

Hasta hace poco tiempo yo creía que los derechos se ejercían, mientras que los biceps se ejercitaban. Ahora ya no estoy tan seguro. Repita usted los dos verbos muchas veces en voz alta y verá cómo usted también se lía.

La cosa parece preocupante. ¿Tan débiles están los derechos que hace falta ejercitarlos?

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

La culpa

Aunque no siempre somos conscientes de ello, la religión ha dejado huellas entre nosotros. Un ejemplo difícil de refutar es la expresión "por culpa de". Que yo sepa, la culpabilidad es un concepto judicial o moral. En los dos casos, implica expiación. ¿Realmente creemos que alguien ha hecho algo malo cuando usamos esa expresión? ¿Esperamos que sea castigado o se arrepienta de algún pecado? No quiero ni pensarlo. A juzgar por la frecuencia con que la oímos, viviríamos en un juicio permanente.

Para aclarar ideas, acudo a mi buscador. Podría entender (hasta cierto punto) a aquel cura de Oviedo cuando declara: "Yo entré en contacto con la parroquia por culpa de unas clases de guitarra". Podemos suponer que la guitarra era inocente, de modo que, tratándose de un cura, podría ser un caso de deformación profesional.

Pero ¿qué debo pensar de frases como "Los periodistas italianos, en huelga por culpa de Internet", “No se entrena por culpa de su tobillo”, o "Se arresta a dos británicos por culpa de un virus"? ¿Hasta qué punto es culpable una cáscara de plátano de que yo me dé un batacazo? ¿Habrá que castigar también al tomate, que está tranquilo en su mata?

Pues que alguien me diga cómo.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Saturday, June 30, 2018

Onomatopeyas

Me gustan las onomatopeyas. Supongo que es una reminiscencia de la época en que me alimentaba de tebeos (hoy comics). Incluidas aquí y allá en los mensajes de las redes sociales, a menudo las encuentro más expresivas y simpáticas que los aburridos iconos prefabricados.

Detesto el 'ja ja ja' y todas sus variantes, más que por groseras, por faltas de imaginación. Pero me gustan, en cambio, 'glub' (tierra, trágame), 'fiuuuu' (qué barbaridad), 'bumm' (te adoro), 'gñññ' (¡eso es absurdo!), 'guau' (admiración), 'miau' (mímame), 'grrr' (qué desagradable), 'roaaarrrr' (estoy enfadadísimo), 'arf' (cansancio), o 'glglglgl' (me desmayo de la impresión). De esta última, una variante muy visual que me gusta particularmente es:

glglglgl
ñaoooooo
cloc
ay

El tema ha despertado mi curiosidad, de modo que, rebuscando por la Web, he encontrado esta lista de onomatopeyas divertidas que vienen de Japón:

zaku zaku (ruido de joyas o monedas)
gaku gaku (vaivén de algo que se ha aflojado, por ejemplo un diente)
gun gun (una planta o un edificio creciendo muy rápidamente)
biri biri (sensación de calambre)
hira hira (caída de pedazos de papel, de un pañuelo de seda, o de pétalos)
gatsu gatsu (comer con glotonería)
gabu gabu (beber con ansia)
chibi chibi (beber a sorbitos)
uja uja (conjunto de muchas cosas pequeñas en movimiento)

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Listados petrolíferos y otras hierbas

En pocos años, las listas han desaparecido de España. ¿Engullidas por algún agujero negro intragaláctico? ¿Reemplazadas por las tablets? Pues no, señor: sustituidas por sus parientes listos, los 'listados'. Y qué son los listados, me dirán ustedes. A ver cómo se lo explico. Los listados son como si dijéramos unas listas, que tienen forma de lista y todo, e incluso a primera vista son indistinguibles de una lista. ¿Que cómo se confeccionan? Pues muy sencillo: listándolos.  Siempre que se pueda, se recomienda hacer listados, en lugar de listas. Queda mucho más fino.

Una charla soporífera produce sopor, una comida salutífera es fuente de salud, y un yacimiento aurífero es un lugar del que se extrae oro. Pero, ¿cómo pueden una compañía, un barco o un contrato ser petrolíferos?  En todo caso, serán petroleros, digo yo.

El otro día, una locutora de televisión pronunció en la pantalla una frase tremenda: "...es probable que pueda ser posible..." ¿Encierra algún significado oculto este galimatías?  Que conste: yo escribo este blog para que lo lean ustedes, no para que lo puedan leer. Para que puedan leerlo, lo mejor será que se pongan unas gafas.

Otra expresión que se oye mucho: "Vuelvo a repetir..." Hace ya mucho tiempo que nadie repite nada por primera vez. Pero, demonios, si uno vuelve a repetir una cosa es porque ya la ha repetido antes, ¿no? La mayoría de las veces, supongo yo, con 'repetir' sería suficiente...  Pues no hay manera.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Verbos raritos

El idioma español tiene su pequeño cotolengo de verbos contrahechos.  Uno de ellos es 'abolir'.  Imaginemos que en el país X se suprimió ayer la pena de muerte. A nadie le sonará raro oír que 'el país X abolió ayer la pena de muerte'. Sin embargo, por alguna razón, nadie se atreve jamás a decir 'el país X abole hoy la pena de muerte'. O sea, que, si alguna vez sucede, nos enteraremos al día siguiente...

El verbo más defectivo de todos lo vi escrito hace tiempo en la puerta de un bar de copas. Sólo tiene una conjugación: segunda persona del imperativo singular, y ni siquiera se le conoce infinitivo: 'karaókese'.

Otro verbo incongruente es 'ensimismarse'. Decimos de alguien que está ensimismado cuando está como metido en sí mismo. Lo lógico entonces, digo yo, sería conjugarlo así:  Yo me enmimismo, tú te entimismas, él se ensimisma...  El plural, se lo dejo a ustedes como ejercicio.

¿Y qué me dicen de 'llevar a cabo'? A primera vista, cualquiera diría que llevar una cosa a cabo es hacer esa cosa hasta el final. Pues no. Todo el mundo usa 'llevar a cabo' como sinónimo elegante de 'hacer'. Ya se sabe, la mona a veces se viste de seda. Si será absurdo ese verbo, oiga, que un preso puede llevar a cabo un intento de fuga sin salir de la prisión...

¿No se han inmutado ustedes ante este desfile de verbos minusválidos? Pues, si no se han inmutado, es porque han permanecido inmutables.

¿O ininmutables?

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Thursday, June 28, 2018

El tiempo

¿Qué pasa con la climatología? Pues nada, que yo sepa. La climatología, de momento, goza de buena salud.

El problema es que, últimamente, en cuanto llueve o sube un poco la temperatura, ya le están echando la culpa a la climatología.

Más de uno piensa que 'tiempo' es una palabra demasiado vulgar. Se comprende. Al fin y al  cabo, quien más quien menos tiene hoy en día lavavajillas y un chalet en la playa... En una ocasión, en la radio, incluso oí a un locutor que anunciaba que 'mañana, el cielo no dispondrá de nubes'.

Algunos no se atreven a tanto, y opinan tímidamente que 'la meteorología deslució el tercer set'. Pues no, señores, la meteorología tampoco desluce nada, la pobre. Si acaso, el tiempo...

Pero, si queréis mi opinión, la verdadera causa de este galimatías es otra:

A saber: ¿cómo diferenciamos el tiempo. . . del tiempo?

La Real Academia Española (de la Lengua), una divertida colección de momias en salmuera, tampoco tiene la solución. Después de varios siglos de trapichear sillones, ni siquiera han encontrado todavía un adjetivo para el pobre tiempo, que, a falta de otra cosa, se tiene que disfrazar de meteorología todos los días para salir por la tele.

Es curioso. Estando el tiempo tan a menudo en boca de todos, ni el hombre de la calle ni el sesudo académico especializado tienen adjetivos para una larga lista de sustantivos que usan a diario. Se habla, por ejemplo, de actividad ciclónica, nubosa, tormentosa o eólica, pero nunca maréica, ólica, auroral, tiémpica, medianocturna, ráyica, nevosa o truenosa. ¿Qué adjetivos tenemos para los chubascos, o el granizo? ¿Existe alguna churrería albal? ¿Un boletín de noticias minutario? ¿Espectáculos mediodiurnos?

Y lo peor de todo: ‘rociero’ es el único adjetivo conocido de ‘rocío’.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Terminología de computadoras

[Carta enviada allá por los años 90 a un articulista español, a raíz de un artículo suyo sobre los neologismos en informática:]

Querido amigo:

Una de las causas del retraso español en materia de nuevas tecnologías es, como usted dice, un terrible muro. Pero no el que usted enjuicia en su artículo, sino otro muy extendido en el mundo de habla española: el de hablar a la ligera, es decir, creerse uno que lo sabe todo sin haber reflexionado lo suficiente.

El principal problema del idioma español en nuestros días nace precisamente de esa autosuficiencia heredada: no afinar en los conceptos. De ahí que el idioma inglés, manejado por usuarios mucho más precisos conceptualmente, se esté extendiendo por el mundo entero.

- 'CPU' son las siglas de Central Processing Unit, es decir, de la unidad de procesamiento central de una computadora. Por lo tanto, hablar de ‘ordenador’ para referirse a una CPU es algo así como hablar de 'automóvil' para referirse a un motor. Por cierto, el término ‘ordenador’ es, siguiendo a los franceses, una mala traducción de ‘computer’, término al que la existencia de las casas de citas difícilmente podría haber perjudicado. Es más, algún día volverán a ponerse de moda (ya lo estuvieron) los aparatos que ‘computan’ pero no ‘ordenan’, y volveremos a necesitar otra hoja de parra terminológica para cubrirnos las vergüenzas.

- En inglés existe la palabra ‘navigator’, de significado deducible, y distinto del de browser. El español ‘navegador’ no es sino un subterfugio para no usar el (morfológicamente irreprochable) ‘hojeador’, que el inconsciente de muchos rechaza simplemente por prejuicios contra las palabras que ‘suenan mal’. Y si no me cree, reléase usted las críticas del siglo XVII a la obra de don Luis de Góngora.

- Los programas (de mensajería o de lo que sea) no se ‘activan’ sino cuando están desactivados. Es más habitual que un programa no esté ‘running’ y alguien desee hacerlo ‘run’. Los contadores de la luz ‘corren’, pero a los programas les está prohibido. Y un programa puede estar ‘corriendo’ pero desactivado, lo cual denota que se trata de conceptos diferentes.

- Un laptop es igual de portátil que un palmtop, sólo que en español no tenemos palabras para ninguno de esos dos conceptos. Que fue exactamente lo que pasó cuando algunos, hace ya muchos años, se vieron obligados a utilizar términos como palier, teléfono, estribor, chaqueta, aljibe y muchos otros que encontrará usted fácilmente (ahora) en los diccionarios.

- Normalmente, las contraseñas o passwords no suelen estar en clave (ya que no se usan para descifrar nada), de modo que induciríamos a gran confusión usando ambas palabras como sinónimos [es decir, 'contraseña' como sinónimo de 'clave'].

- El user name no es el usuario, sino el nombre de usuario (¡pelín diferente!).

- Una pantalla TFT es sólo uno de varios tipos de monitor plano, y un 'bookmark' es un marcador de página; si usted desea incluirlo en sus favoritos o en su lista negra es ya cosa suya, pero no nos involucre a los demás.

Podría seguir, pero no quiero ser farragoso, y para muestra bastan unos cuantos botones. El español es un idioma forjado en siglos de conversaciones contextuales y morales, y ha carecido de grandes sistematizadores, del mismo modo que nuestro sistema de pensamiento ha carecido siempre de grandes científicos y en nuestra sociedad la ciencia nunca ha sido tan popular como los toros o el football.

Trataré de ser positivo: al conocimiento, Sr. X, se llega por la duda. Dudemos sinceramente, incluso concienzudamente, antes de sentirnos seguros de que dominamos un tema. Y, aunque lleguemos a la convicción de que lo dominamos, por favor, no moralicemos. El lenguaje es simplemente un instrumento, cuanto más universal mejor, y los usuarios de computadoras hacemos lo que podemos para salir del infernal embrollo en que nos han metido muchos siglos acumulados de picaresca, costumbrismo, teología, moralismos y tertulia.

Todo esto lo he dicho un poco enfadado pero, de verdad, sin ánimo de ofender. Muy amistosamente.

[Firma] 

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

La voz pasiva

Corre por esos mundos el rumor, nunca demostrado, de que la lengua española prefiere los verbos en forma activa o reflexiva y rehuye la voz pasiva (y el gerundio). Para comprobar hasta qué punto tales rumores son ciertos, se me ocurrió un día hacer un pequeño estudio de algunos escritores del siglo XVI. El resultado fue sorprendente: en el siglo XVI no sólo no se rehuía la voz pasiva, sino que se usaba asiduamente, incluso con mayor frecuencia que la voz activa.

He aquí algunos ejemplos que encontré, basados en sólo dos textos del siglo XVI:

- “... e fue fecha dueña la doncella más hermosa del mundo (Amadís de Gaula, 1508)
- [un rey] llamado Garinter, el cual, siendo en la ley de la verdad de mucha devoción y buenas maneras acompañado (Amadís de Gaula, 1508, primera pág.)
- [la mayor] fue llamada la dueña de la Guirnalda (Amadís de Gaula, 1508, primera pág.)
- tanto era pagado [el rey su marido] de los ver [sus hermosos cabellos] (Amadís de Gaula, 1508, primera pág.)
- de quien fueron engendrados Agrajes y Mabilia (Amadís de Gaula, 1508, primera pág.)
- La otra hija, que Elisena fue llamada,... (Amadís de Gaula, 1508, primera pág.)
- y comoquiera que de muy grandes príncipes en casamiento demandada fuese, (Amadís de Gaula, 1508, primera pág.)
- siendo desviado de las armadas y de los cazadores (Amadís de Gaula, 1508, primera pág.)
- fueron vencidos y muertos (Amadís de Gaula, 1508, primera pág.)
- así son los caballeros andantes salteados (Amadís de Gaula, 1508, primera pág.)
- este retrato es tan natural, que no hay persona [...] que no vea claro ser sacado de sus actos y meneos y palabras (La lozana andaluza, 1528)
- y como había de ser partido en capítulos, va por mamotretos (La lozana andaluza, 1528)
- no solamente se contentan de mirarlo y cotejarlo, mas quieren que sea mirado por los transeúntes e circunstantes (La lozana andaluza)
- Señores, dice que no tiene tierra, que ha sido criada por tierras ajenas. (La lozana andaluza)
- [Las alcagüetas quieren] ser ellas cabalgadas primero. (La lozana andaluza)
- AQUI COMIENZA EL PRIMER LIBRO [... El cual] fue corregido y enmendado por el honrado y virtuoso caballero...(Amadís de Gaula, 1508)

Y, para remate, este tremendo ejemplo, que a más de un purista contemporáneo incitará a mesarse los cabellos de desesperación:

- Quizá no hay mujer en Roma que sea estada más festejada que yo. (La lozana andaluza)

Sólo en el Amadís de Gaula he encontrado 9 casos de voz pasiva en la primera página del ejemplar que tengo en mi biblioteca. ¿A alguien le quedan dudas todavía? Desde luego, el simple sentido común nos dice ya que no es lo mismo "Un perro mordió a Juan" (algo que hizo un perro) que "Juan fue mordido por un perro" (algo que le sucedió a Juan).

Abundando en esta idea, he encontrado este texto sobre el mismo tema en una edición antigua del Concise Cambridge History of English Literature (1941):

"the [...] passive forms in -ing were much later in origin than the active, and at first met with fierce opposition. Constructions like "The house is being built" and "rabbits were being shot in the field" have not been traced further back than the last decade of the eighteenth century. The adaptability of the English passive may be seen in the fact that, not content with a construction like "A book was given him", the language has devised "He was given a book".

Se deduce que, hace cinco siglos, el español (que por algo desciende del latín) estaba más avanzado que el inglés. Pero los caminos de ambas lenguas se cruzaron en algún momento de la Historia, y ahora es el inglés el que vuela, mientras que el español cojea tras él sin impulso propio, y chirriando siempre con los incordiantes gruñidos del No Pasarán.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Ordenador

'Ordenador' es la palabra que ha terminado imponiéndose en España para referirse a los 'computers'. A primera vista, es una transliteración del francés 'ordinateur', pero las apariencias engañan. Sobre todo, cuando uno se conforma con las apariencias.

Sería fácil pensar que 'ordinateur' hace referencia a aquello que 'pone orden', pero esa palabra en francés es 'ordonnateur', del verbo 'ordonner' (es decir, ordenar). ¿Quiere eso decir que existe en francés el verbo 'ordiner'? Me temo que no. La historia es la siguiente:

En 1954, la sociedad IBM France buscaba un término francés para designar un nuevo aparato electrónico que venía de Estados Unidos y cuyo nombre en inglés era 'computer'. Como suele suceder, los inventores del aparato habían escogido un nombre muy apropiado. Simplemente, un 'computador' era un dispositivo cuya función era 'computar'. Más lógico, imposible. Pero había otra posibilidad: que los vendedores franceses, sólo por ser franceses, supieran más que los propios inventores del nuevo aparato. Quien conozca Francia (o España) sabrá que ese tipo de convicciones no son inhabituales en esos países.

De modo que, emprendida la búsqueda de la palabra perfecta, un directivo de IBM aconsejó consultar a un antiguo profesor suyo, Jacques Perret, por entonces titular de la cátedra de filología latina en la Sorbona. Nada menos. Después de darle bastantes vueltas —suponemos—, el profesor Perret respondió el 16 de abril con un detallado análisis del problema. Tras descartar systémateur, combinateur, congesteur, digesteur y synthétiseur, expresó su preferencia por una palabra un tanto olvidada: 'ordinateur', que antaño había significado "personne qui dispose, qui règle selon un ordre”. El término tenía una evidente connotación religiosa. De hecho, el diccionario Littré definía 'ordinateur' como "Dieu qui met de l'ordre dans le monde".

A la vista de los términos que descartó, no parece que Monsieur Perret entendiera exactamente lo que es un computador. En cualquier caso, lo que nadie aclaró nunca es por qué había que evitar en francés la palabra 'computeur'. ¿Quizá, como cabe sospechar también en español, por la proximidad con la palabra 'puta'?

Acudamos a la etimología. La palabra 'puta' proviene del latín 'puter', que significaba 'pútrido', pero 'putare' significaba 'podar' y, en un sentido más general, 'quitar estorbos', 'simplificar'. Aplicado a las cuentas, vino a significar algo así como nuestro coloquial 'echar cuentas' o 'hacer números'. El prefijo 'com-' es intensivo, como en 'comprimir', lo cual nos daría algo así como 'aplicarse a hacer números'. Seguramente por esa razón, el uso más antiguo conocido de la palabra inglesa 'computer' (1646) hacía referencia a las personas que hacían cálculos matemáticos, y los ingenieros de antaño la asociaron a las primeras calculadoras mecánicas (1897).

En español, las dos acepciones de 'computar' que propone el DRAE son bastante desafortunadas:

1. tr. Contar o calcular por números algo, principalmente los años, tiempos y edades.
2. tr. Tomar en cuenta, ya sea en general, ya de manera determinada. U. t. c. prnl.

Vayamos con la primera acepción. Si lo que se computa 'principalmente' son los años, tiempos y edades, ¿qué es lo que se computa 'secundariamente'? ¿Cualquier otra cosa? ¿Por alguna razón en particular? Para aclarar nuestras ideas, acudamos de nuevo al propio DRAE. En él encontramos dos acepciones de 'principalmente':

1 - Primeramente, antes que todo, con antelación o preferencia
2 - Fundamental o esencialmente

Si nos acogemos a la primera acepción, debemos entender que los años, tiempos y edades tienen algún tipo de primacía o preferencia. Pero ¿respecto a qué? ¿Computar las fases de la luna es menos computar que computar los años que tardará en volver a ser eclipsada por el sol?

La segunda acepción nos permitiría definir 'computar' como "contar o calcular por números algo, esencialmente los años, tiempos y edades... y accesoriamente otras cosas". Tampoco aquí está muy claro qué cosas podría uno contar o calcular accesoriamente sin salirse de la definición de 'computar'.

Confieso que si sustituyéramos ese 'principalmente' por 'habitualmente' me quedaría más tranquilo. Al ser el hábito una propiedad circunstancial, podríamos excluirla del concepto abstracto y nos quedaríamos con el meollo de la definición. Supongamos pues que la RAE no ha dado en el clavo y quedémonos simplemente con “contar o calcular por números”. Ciertamente, 'contar' no es lo mismo que 'calcular'... excepto, quizá, si lo hacemos con un ábaco. Como definición, pues, parece un poco primitiva, pero podríamos tener la osadía de mejorarla sustituyéndola por 'obtener un resultado numérico mediante números'. Cuando los números son binarios, nuestra definición se ajusta bastante bien al concepto de computador digital.

Ah. Esperen un momento. Se nos olvidaba la segunda acepción de 'computar':

2. tr. Tomar en cuenta, ya sea en general, ya de manera determinada. U. t. c. prnl.

Ejemplos:
Se computan los años de servicio en otros cuerpos.
Los partidos ganados se computan con dos puntos. 

La confusión se apodera de mí. ¿Qué necesidad hay de decir, por ejemplo, “montar a caballo, ya sea en general, ya de manera determinada”. ¿No bastaría simplemente con “montar a caballo”? Es más, en los dos ejemplos señalados se computa “de manera determinada”, y confieso que no se me ocurre ninguna forma de computar “en general”. ¿Acaso es posible computar sin manejar números o datos específicos? Estoy empezando a alarmarme. Todas mis incursiones en el DRAE terminan fatal.

Resumiendo: ¿por qué 'ordinateur' --y, por consiguiente, 'ordenador'-- no es una buena traducción de 'computer'? ¿Acaso hay alguna manera de computar que no consista en regular o poner orden? La respuesta es previsible: sí. Por ejemplo, usando computadores analógicos, o neurales. Teóricamente, incluso, sería posible concebir un computador que generase resultados basándose en la teoría del caos.  En cuyo caso, habríamos construido un 'ordenador' que computa... desordenando.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.