Hay por lo menos dos personajes más en ese simpático olimpo del chascarrillo popular. Uno de ellos se apellidaba Picio. Parece ser que estuvo condenado a muerte y fue indultado en el último momento. Del susto, se quedó completamente calvo y su cara se deformó tan horriblemente que todavía hoy decimos a veces de alguien que es "más feo que Picio".
La Chelito era una cupletista cubana más bien picarona. La fama arrolladora que llegó a tener se debió a una idea simple, pero genial. Durante las actuaciones, la Chelito fingía tener una pulguita que le corría por debajo de la ropa y, con tal pretexto, mostraba al público generosas porciones de su anatomía. El público -el masculino, naturalmene- rugía de entusiasmo. La Chelito llegó a tener a sus pies a algunos de los grandes millonarios de su época, y por eso todavía oímos de vez en cuando decir de alguien que es "más famoso que la Chelito".
Las comparaciones humorísticas han sido siempre uno de los territorios más fértiles de la imaginación popular, al menos hasta que se inventó la 'sociedad del bienestar', en la que uno no tiene que forzar mucho el magín porque le basta con ser dócil y seguir la corriente. Pero de los años de penuria de antaño nos han llegado algunas comparaciones reveladoras, como 'ser más listo que el hambre', 'más bueno que el pan' o, hablando de una espera, 'más larga que un día sin pan'. Estas comparaciones no son humorísticas, sino crudamente realistas, como 'ser más pobre que una rata', 'más majo que las pesetas' o 'más malo que la quina', o estar 'más contento que unas pascuas' o 'más salido que un mono'.
Hay alguna que otra bastante enigmática, como 'ser más vago que la chaqueta de un guardia' o no ver 'tres en un burro'. Sin embargo, son muchas más las comparaciones que nos hacen reír, a veces por las situaciones absurdas que evocan y a veces por la perspicacia que revelan. Absurdo es, por ejemplo, estar más despistado 'que un pulpo en un garaje', ser más inútil 'que el cenicero de una moto', más pesado 'que una vaca en brazos' o ver menos 'que un gato de escayola'. Exagerado es decir de alguien que tiene 'más cara que espalda' o 'una jeta que se la pisa', o estar uno tan fuera de sí 'que se sube por las paredes'. Imaginativo es caracterizar a Fulanito como 'más agarrado que un chotis' o 'más sordo que una tapia', o decir que aquella cueva estaba más oscura que 'el sobaco de un grillo' o que algo tiene una magnitud tan respetable que 'no se lo salta un gitano'.
No podemos saber lo que sucede en el cerebro de un molusco, pero eso no nos impide afirmar que aquella película era 'más aburrida que una ostra'. Y, hablando de cine, la perspicacia popular ha dado con algunas comparaciones francamente afortunadas, como 'estar más chupado que la pipa de un indio' o 'más liado que la pata de un romano', o ser más lento 'que el caballo del malo'.
Buscando en Google he encontrado muchas comparaciones más, pero no todas son tan ingeniosas como las que yo recuerdo de mis años mozos. Aun así, he seleccionado unas cuantas que me han hecho gracia:
Está más caliente que el diablo con paperas
Es más aburrido que sacar a pasear a la tortuga
Más dificil que cortarse las venas con una hoja de repollo
Más feo que un bizco inflando un globo
Era tan feo que lo atropelló un camión y quedó mejor que antes
Es más guarro que la Tota, que se lavó las manos y se encontró un reloj
Más tonto que bailar la música del telediario
Más falso que un euro con la cara de popeye
Tan gordo que cuando se cae de la cama se cae por los dos lados
Tiene más labios que una vaca silbando el "Only you"
Es más simple que las instrucciones de un botijo
Da mas vueltas que un manco remando
Está más mosqueado que el casero del fugitivo
Está más ciego que vivir en el noveno B (pronunciado: 'no ve no ve')
Trabaja menos que el sastre de Tarzán
Más dificil que hacer gárgaras con polvos de talco
Más peligroso que un tiroteo en un ascensor
Más peligroso que una piraña en un bidet
Tiene menos huevos que un flan de sobre
¿Por qué he seleccionado estos chascarrillos, y no otros? Pues porque, además de ser graciosos, tienen musicalidad. La prosodia es un elemento muy importante en el humor: un chiste bueno mal contado puede ser 'más soso que un pan sin sal'. Y, al acercarnos al final, el chiste deberá ser siempre rápido y sorprendente. Tan rápido, como mínimo... como el caballo del bueno.

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