En inglés, en cambio, 'a challenge' es lo contrario. Es el problema que tenemos enfrente, o el anhelo al que aspiramos, el que nos desafía a nosotros. Y, quien dice a nosotros, dice a nuestras posibilidades o a nuestra inteligencia. Para la mentalidad anglosajona un 'challenge' no es un ataque, sino un estímulo. Nuestra actitud frente a las dificultades, en cambio, consiste más bien en lamentarse o en buscar un culpable, rara vez en crecerse ante ellas. No es la palabra, sino el concepto el que no está en uso en nuestros países.
Dos formas de ver el mundo: positiva, o negativa. Cuando pienso en esto, suelo recordar aquel cartel de gran tamaño que, junto a una curva muy cerrada de una carretera brasileña, anunciaba: "Hoy, 237 días sin ningún accidente en esta curva". Aquel cartel era un 'challenge'. No un 'desafío'.
En España hay una tendencia a traducir 'challenge' por 'reto'. Sin embargo, en Chile al menos, 'retar' significa regañar. Es un fenómeno habitual de nuestra lengua (es decir, de nuestra mentalidad): la tendencia a la provincianización. En cualquier caso, esas dos maneras de entender lo que es un desafío nos enfrentan a un problema potencial. Si por un milagro consiguiéramos cambiar de mentalidad y asimiláramos el significado anglosajón, ¿qué palabra usaríamos como equivalente de 'defiance'? A ver, que me contesten todos esos sabios que cacarean la riqueza del español.

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