hasta que no vaya no podré verlo
Naturalmente, lo lógico habría sido decir:
hasta que vaya no podré verlo
Este tipo de frases, que ya he mencionado anteriormente, parecen ser un cruce de dos expresiones. El hablante quiere decir al mismo tiempo 'hasta que suceda' y 'mientras no suceda', como en:
mientras no vaya no podré verlo
Es posible que este fenómeno revele un fósil enquistado del latín. Al perder las declinaciones, las lenguas romances perdieron la flexibilidad sintáctica de la lengua madre. Un acusativo o un ablativo no podían ocupar ya un lugar cualquiera en la oración, y el orden de las palabras empezó a ser esencial para conocer su función. En latín habría sido posible decir, por ejemplo:
no hasta que vaya podré verlo
Incluso en español este tipo de construcciones estuvo todavía en uso durante mucho tiempo, probablemente hasta entrado el siglo XX, y es posible que los hablantes de vascuence aún la usen, por influencia de esa otra lengua suya, fuertemente declinada y, por lo tanto, mucho más libre en cuanto al orden de las palabras.
En romance castellano, la tendencia a estandarizar el orden de las oraciones debería haber convertido 'no hasta que vaya' en 'hasta que no vaya', pero el resultado:
hasta que no vaya podré verlo
habría sido absurdo. De modo que, para hacerlo más inteligible, se habría recurrido a hibridarlo con 'mientras no'. El resultado es semánticamente incoherente, pero sintácticamente aceptable.
Otro ejemplo curiosamente contradictorio:
¿Ayer cumpliste 50 años? Pues, chica, cualquiera lo diría...
Aunque gramaticalmente no lo parezca, este comentario es elogioso, y sólo será posible entenderlo si uno sustituye 'cualquiera' por 'quién' o 'nadie'. Al contrario que en inglés, en español hay un territorio mal definido en el que flotan, indecisos, los dos conceptos contrapuestos 'cualquiera' y 'ninguno'. Por ejemplo, la frase:
en este club no puede entrar cualquier persona
quiere decir que sólo determinadas personas pueden entrar al club. Pero, en cambio, cuando uno dice:
este club prohíbe la entrada de cualquier persona
que aparentemente es lo mismo, lo que uno está queriendo decir es que no puede entrar “nadie”. La ensaladilla gramatical está servida.

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