El DRAE, en su segunda acepción, define 'polución' como “efusión del semen”. Es decir, derramamiento. (La tercera acepción, sorprendentemente, es 'acto carnal', que, sin duda en desuso, encajaría más propiamente en un diccionario histórico de la lengua española). La idea de derramamiento estaría reflejada en el verbo 'correrse' (como se corre, por ejemplo, la cera derretida de una vela, o la tinta sobre el papel).
Tanto en inglés como en español, pues, la idea de ensuciar sería simplemente una implicación, basada en apreciaciones subjetivas o morales. Según el Online Etymological Dictionary, el primer uso conocido del sustantivo inglés 'pollution' en el sentido de 'ensuciamiento del medio ambiente' data de 1860, aunque el término no se extendió realmente hasta 1955, y no estaba derivado del infinitivo poluere, sino del participio pollutus.
Por último, el sustantivo 'pollutant' data como mínimo de 1892. En español, como es habitual, la familia morfológica de 'polución' está escandalosamente incompleta. Como sucede con 'indeleble', casi el único vestigio en español del verbo latino 'delere' (el famoso delete de los teclados en inglés), subsiste el antónimo 'impoluto', pero el 'poluto' original ha desaparecido. Y, con él, las variantes mofológicas más esenciales en toda lengua que se precie: infinitivo (poluir), participio pasivo (poluido), participio activo (poluyente).
Este anquilosamiento morfológico es propio de una lengua más interesada en situaciones, personajes y contextos que en conceptos. De hecho, antes de oír por primera vez la palabra 'polución' asociada al medio ambiente, muchos habíamos oído hablar solamente de 'polución nocturna'. Si el hablante se liberara de la costumbre de asociar las palabras a situaciones más o menos específicas, el adjetivo 'nocturno' denotaría lo contrario de 'diurno', y el concepto de polución, liberado de todo adjetivo, podría mantenerse listo para encajar en situaciones diferentes. Todo parece indicar, en cambio, que lo que suele entenderse por 'polución nocturna' es más bien 'algo que le sucede a veces a un hombre mientras duerme cuando no ha mantenido actividad sexual durante mucho tiempo'. Un poco largo como definición.
Esta forma tan hispana de interpretar el lenguaje no es voluntaria, sino automática. Está implícita en el uso habitual de nuestro idioma, y la adquirimos inconscientemente cuando empezamos a hablar. Quizá por eso nos cuesta trabajo entender que la lengua no sólo es una brújula para orientarse por un paisaje de objetos y situaciones de nuestro entorno mental, sino que es también una herramienta para desmontar, ensamblar, construir, comparar y analizar todos esos objetos y situaciones, independientemente de sus significados 'de andar por casa'.
Un ejemplo ilustrativo de esta idea: Si digo que mi vecino se casó un número de veces importante, se entiende normalmente que mi vecino se casó muchas veces. Esta interpretación es contextual porque, estrictamente hablando, 'importante' significa 'que tiene importancia', y el concepto de importancia es, en sí mismo, relativo. Tal vez para su futura esposa lo importante es que mi vecino no haya tenido muchas mujeres antes que ella. Pero, en el contexto en que nos comunicamos con nuestro vecino, 'importante' ya nos sirve, y no tenemos por qué molestarnos en buscar otros adjetivos más apropiados. Esto explica, probablemente, la escasa inclinación en español a usar adjetivos menos subjetivos, como 'sustancial', o 'cuantioso'.
Y regreso a la polución. Cuando se empezó a tener conciencia de que el desarrollo tecnológico ensuciaba el medio ambiente, la palabra 'polución' pasó sin ninguna dificultad del inglés al español (o, mejor dicho, fue rescatada del latín gracias al inglés) y se empezó a usar con normalidad en los medios de comunicación. Las hemerotecas podrán atestiguar que, en los años 70, Londres y Nueva York eran dos ciudades en que la polución del aire era muy alta. Pero empezaron a alzarse algunas voces prejuiciosas, y apenas unas semanas después la mayoría de los periódicos estaban ya hablando de 'contaminación'.
Hasta que esto sucedió, uno sabía que una bacteria llamada Salmonella podía contaminar la mayonesa, o que el bisturí de un cirujano no debía contaminarse so pena de infectar gravemente a su paciente. Todavía hoy, un biólogo puede desechar una muestra de ADN del paleolítico superior por estar contaminada. ¿Qué tiene que ver todo esto con la polución? No mucho, si de lo que estamos hablando es de 'ensuciar', no de 'desvirtuar'. El concepto de ensuciar es cuantitativo. El de desvirtuar, en cambio, es cualitativo.
La RAE y sus ciegos seguidores debían haber sabido que no conviene vestir santos nuevos con ropas ajenas porque, tarde o temprano, nos traerán problemas. Pero la pobre RAE, víctima también ella del "pensamiento contextual", no comprendió por aquel entonces -y probablemente sigue sin comprender- que estaba ante un concepto nuevo que, al igual que el teléfono o la televisión, requería una palabra… sí, digámoslo sin miedo: nueva.

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